Etna atardecer

Viajar es un poco morir para luego renacer

cavalli in campo imperatore

Cada viaje es como una vida pequeña: inicia y termina, nace y luego muere. El nacimiento es la partida, la muerte, el regreso a casa. Cuando vuelves, mueres y reencarnas en el mismo cuerpo, volviendo así a la vida de antes,

Esto me pasó luego de mi primer “viaje”: tres días fantásticos en Rimini, a los dieciséis años. Y quién quisiera regresar a la escuela, al aburrimiento, luego de esa experiencia increíble? Yo era igual, pero a la vez diferente. Luego me sucedió en España, en Cuba y en Colombia. Viajé, regresé, morí y reencarné aquí, en mi cuerpo y sin olvidar mi anterior vida.

No se cómo nació este extraño concepto de la reencarnación post-viaje: ha surgido espontáneamente, como un río caudaloso que fluyó desde mi mente hacia los dedos que pulsan las teclas de este teclado. Y puede que sea cierto!. Tal vez no todos los viajes te hacen morir y renacer y tal vez esto no ocurre solo con los viajes.

De cualquier forma, viajar puede producir un cambio enorme. Cuando partes, debes tener presente que la persona que se va podría no ser la misma que regresa. De hecho, a veces se parte con una carga que desaparece mágicamente viajando. Sin el peso que lo mantenía anclado a tierra, el viajante alza vuelo.

Alzar vuelo es fantástico y mágico, pero se debe tener mucha atención. Cuando salimos en moto para descubrir la “Pequeña gran Italia” tuvimos que decidir si sobrecargar la moto (llevando todo lo necesario) o viajar ligeros (corriendo el riesgo de que faltara alguna cosa). Al final optamos por una vía intermedia. Y en esto no puedo evitar ver una semejanza con el cambio: esa carga personal que decides abandonar la relaciono con el equipaje que queríamos dejar en casa, con el riesgo de encontrarnos desprovistos de lo necesario. Viajar me ha ayudado a cambiar, pero luego entendí que cambiar no significa olvidar o rechazar aquello que fuimos. Tal vez, es mejor cambiar sin olvidar nuestras raíces, mantener viva una parte de ese antiguo yo durante el cambio para evitar perderse en posibles ilusiones.

Entonces, quien sabe si este último viaje nos ha hecho morir y renacer. Y quien sabe qué nos enseñó. Creo tener una idea. Pero antes de revelarla, quisiera contarles acerca de dos maravillosos lugares que visitamos: El Etna y Campo Imperatore.

La última historia que conté (que puedes encontrar aquí) terminaba en Tropea. Desde el bello pueblo calabrés proseguimos hacia el sur y una vez pasamos el estrecho fuimos directo hacia el Etna. Desde el primer día, el volcán se mostró muy generoso con nosotros. Que decir de esta cosecha de moras?

moras

Obviamente las comimos todas. Y una vez terminamos, realizamos un pequeño sueño que tenía siempre en mente: ver de cerca el cráter central del Etna.

Subir al volcán es una experiencia única, irrepetible. Hay un paisaje lunar, duro y fascinante al mismo tiempo. Te encuentras inmerso en el vapor azufrado de la lava, en un atmósfera donde se respira con dificultad y cuando levantas la mirada ves a lo lejos el monte Nebrodi, el mar, Catania… y te das cuenta de que en ese lugar donde ahora reina la paz, en otros momentos explota la tierra con potencia inimaginable, reconoces la maravilla que te permite estar ahí para gozar ese instante en una generosa tregua que te concede la naturaleza y que podría terminar en cualquier momento. Pero esto no significa que no se pueda sonreír!

crater central etnacrater central etna 2

Nos dirigimos entonces hacia Palermo. Luego de una memorable noche de sábado en el mercado de la Vucciria, debido a que las previsiones del tiempo indicaban que se aproximaban fuertes lluvias, tomamos el barco hacia Nápoles. Visitamos Pompeya y en la noche fuimos a degustar una verdadera pizza napolitana en la pizzeria Starita en Materdei, abierta desde el lejano 1901.

La última etapa ha sido Gaeta, l’Aquila y el pueblo de Norcia, en la región de Umbria. Y es muy cerca a l’Aquila donde se encuentra el segundo lugar sobre el que quiero hacerles una mención especial: Campo Imperatore, en el Gran Sasso D’Italia.

campo imperatore

Cuando se llega allí, simplemente no parece verdad que pueda existir un lugar como ese. Se imponen un hondo silencio, los enormes espacios abiertos, la naturaleza pura, un cielo sin fin y aquella enorme roca que desde el fondo pareciera vigilar que no se rompa la armonía perfecta del lugar. También se pueden ver caballos en libertad, caminar cerca a ellos y hasta filmarlos!

Campo Imperatore te transporta a una dimensión sin tiempo: toda esa belleza inunda el cerebro, detiene los pensamientos y da lugar a la plenitud del aquí y el ahora. Y es justo este vivir en el aquí y en el ahora, en el instante presente, una de las enseñanzas mas bellas del viaje.

De hecho, mas de una vez me encontré luchando contra el tiempo para lograr visitar mas lugares. Salir “tarde” me hacía sentir como que el tiempo se reducía. Sin embargo, el tiempo puede “reducirse” solo en relación con un objetivo prefijado. Si estamos dispuestos a modificar los programas y a vivir con plenitud el instante en el que estamos, todo se transforma.

No lo entendí de inmediato. A veces hundía el acelerador porque seguía convencido de querer ver la mayor cantidad posible de lugares.

El mundo frenético en el que vivimos nos hace creer que ser felices es hacer una gran número de cosas o hacer todo lo que planeamos y queremos, pero no es así. A veces renunciar a una meta o a un deseo (que hace parte del futuro, no del presente!) te hace vivir más plenamente el momento en el que estás. Y “renunciar” lo pongo entre comillas porque no es una renuncia del todo: estar conformes con el momento en que estamos puede abrir de par en par la puerta hacia la felicidad o, de alguna forma mágica, llevarte hacia  lo que planeabas. Si la felicidad se encuentra en algún lugar, ése es el ahora. Es una dimensión sin tiempo que Salvatore Brizzi llama La derrota de Cronos.

La noche que fuimos a Napoles, en la plataforma del barco, con el ruido de los motores que se fundía al de las olas, mirando como las luces de la costa parecían sumergirse en el mar, sentí que el viaje estaba terminando. Pero en lugar de ponerme triste, me inundó una profunda alegría al reconocer que perdía fuerza la presión del tiempo en mi vida. Sentí que me estaba liberando de ese impulso continuo de querer hacer y ser más.

Este fue el regalo más bello del viaje: entender que no solo no era necesaria más ruta que la que se recorrió, y que además ésta última era justa para nosotros, la única y la mejor. Los saludo con la imagen de la pluma que trajo Laura de Sur America, nuestra compañera de viaje, apoyada en una piedra en Campo Imperatore.

pluma

Ahora, un poco de fotos y videos. Hasta el próximo Reflejo y como siempre, gracias por pasar por aquí y si te ha gustado el post, compártelo!

Elvio

En Cefalú, Laura con… la barca Laura

Cefalu

Pompeya

Pompeya

La fila para entrar a la pizzeria Starita

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…y el tan añorado premio!

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…nuestro equipaje en el barco…

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…mensaje en el baño de un pub, ne Linguaglossa…

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María en Campo Imperatore…

20150912_152634y el atardecer en el Etna. Un abrazo a todos!

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